miércoles, 28 de enero de 2009
Crusade
Recuerdo cuando hablaba de futuro. Cuando dibujaba senderos imaginarios partiendo de palabras, y creía ciegamente en el progreso del hombre. Recuerdo cuando dormía al raso de la vida, cuando sentía la lluvia en mi orgullo herido. Recuerdo cuando quise morir y decidí vivir, cuando confiaba en los demás más que en mí mismo. Cuando me mostraba sereno ante la noche y frío ante la mañana, y no temía más que a la oscura soledad que agrietaba las paredes del pecho. Recuerdo, al alba del mundo, cuando aprendí a existir en vez de a soñar, y quise realmente ser quien soy ahora.
Y fue entonces cuando decidí no arrepentirme de nada.
martes, 27 de enero de 2009
De cómo la vida sigue
Un ruido, un chasquido, un espasmo surca la noche. Envuelta en tinieblas tratas de conciliar el sueño. Tratas de no pensar en el sonido de tu cuerpo al encontrarse bruscamente con el suelo desde los diez pisos que os separan. El rumor lejano del viento se cuela entre las grietas tapadas con silicona amarillenta. Lloras, ríes histérica, te muerdes las uñas. Quizás la locura ya ha empezado a horadar los límites de tu cerebro. La noche se despliega pegajosa como el barniz holandés. Igual de líquida. Igual de tóxica. La esperanza continúa gritando aterrada. Para ignorarla consumes un libro tras otro, tras otro. Literatura en vena. Las vidas de otros danzan en tu cabeza y te hacen olvidar lo mediocre que es la tuya. Libro tras libro. En tus propios delirios agónicos crees haberte subido al alféizar de la ventana. Quizás suene pronto el despertador. Te asomas un poco más. El viento acelera tu respiración y la adrenalina aulla. Imaginas la vetiginosa caída. Es tan fácil. Quizás no te dé tiempo a pensarlo. Quizás ya sean las siete.
Empiezas otro folio. Lo difícil es la primera palabra. El resto se precipitan inexorables. Y amaneces, con el dolor arrugado bajo las sábanas y la esperanza a cubierto.
Amaneces, con el cielo extendiéndose en dos franjas horizontales ante ti. Púrpura y naranja. Como en un cuadro de Rothko.
Y todo vuelve a tener sentido.
Empiezas otro folio. Lo difícil es la primera palabra. El resto se precipitan inexorables. Y amaneces, con el dolor arrugado bajo las sábanas y la esperanza a cubierto.
Amaneces, con el cielo extendiéndose en dos franjas horizontales ante ti. Púrpura y naranja. Como en un cuadro de Rothko.
Y todo vuelve a tener sentido.
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