Me duele pensarte, tan cerca del final. Me duele, aquí dentro, en el cerebro, y el alma se me arruga como una sábana mal puesta.
En qué momento decidí salir a nadar, salpicada por las olas, olor a mar. La sal marca las esquinas de la noche.
Y los días se muerden unos a otros, rabiosos y desconfiados, mientras el cielo se mancha de verde y de impaciencia. Silencio y ovación, y un grupo de estrellas muy juntas, olor a amor y a piel pegajosa, el sudor se acurruca en los huecos de tu cuerpo. Y las ganas de sentirte.
Minuto a minuto, como deseos caídos, vuelvo a ti, a tus esquinas y huecos, a la mar, a las estrellas arrugadas y tu piel pegajosa.
Y qué ganas de sentirte.
viernes, 17 de septiembre de 2010
domingo, 5 de septiembre de 2010
Luz de luciérnaga
El tiempo desacelera pulsaciones. Los días se suceden, todos igual, todos distintos. Uno. Otro. Ha comenzado la cuenta atrás.
Es el momento de desempolvar los planes otra vez. De recoger la ilusión que sembramos en primero y que olvidamos el curso pasado. De crecer. De encarar los problemas con madurez. De recuperar propósitos. De jerarquizar. De volver a encender la luciérnaga. De compartir. De aprender y re-aprender. De luchar contra el tedio, contra la rutina, contra la enfermedad de unos y de otros, contra el miedo, contra el odio, contra la mentira, contra mí, contra ti, contra el mundo. Es hora de cambiar. De volver a escribir, que los ecos vacíos del pasado se precipitan inexorables. Es hora de seguir.
Reminiscencias de un pasado en constante latido, una eterna laguna, un charco. Y un puente para olvidar. O para cruzarlo una y otra vez. Y una sonrisa, luz de estanque sucio, luz de noches en vela. Un mundo hecho a medida. Un antes. Un centenario con una manchega. Un viaje, otro de vuelta y una filmoteca. Una amiga de libro. Otra de poemas. Un circo. Una nariz derretida. Una matrícula. Y un curso entero.
Y luz. Luz de luciérnaga.
Es el momento de desempolvar los planes otra vez. De recoger la ilusión que sembramos en primero y que olvidamos el curso pasado. De crecer. De encarar los problemas con madurez. De recuperar propósitos. De jerarquizar. De volver a encender la luciérnaga. De compartir. De aprender y re-aprender. De luchar contra el tedio, contra la rutina, contra la enfermedad de unos y de otros, contra el miedo, contra el odio, contra la mentira, contra mí, contra ti, contra el mundo. Es hora de cambiar. De volver a escribir, que los ecos vacíos del pasado se precipitan inexorables. Es hora de seguir.
Reminiscencias de un pasado en constante latido, una eterna laguna, un charco. Y un puente para olvidar. O para cruzarlo una y otra vez. Y una sonrisa, luz de estanque sucio, luz de noches en vela. Un mundo hecho a medida. Un antes. Un centenario con una manchega. Un viaje, otro de vuelta y una filmoteca. Una amiga de libro. Otra de poemas. Un circo. Una nariz derretida. Una matrícula. Y un curso entero.
Y luz. Luz de luciérnaga.
miércoles, 1 de septiembre de 2010
Cerdos de guerra
Qué vergüenza. Qué vergüenza comprender la actitud con la que conduces tu vida, destructiva, inequívoca, universal y verdadera. Irreprochable.
La justicia del justiciero, la pintan con los ojos vendados, pero ya no lleva balanza. Los valientes sobreviven, los que creen serlo y se apoyan en verdades confeccionadas por el odio acabarán cayendo en su propia mierda. Revolcaos, llorad y maldecid al cielo vacío. Contaos una a una las mismas historias, tantas veces como queráis, llenadlas de la realidad que les falta y llorad. Que algún comprenderéis lo que están tratando de deciros. Pero no mientras tengáis los oídos tapados.
Hablemos de lealtad, de amistad o de amor, de pureza y confianza. Y ahora, todos juntos, vomitemos en los rostros de aquellos que no tienen culpa. No tienen culpa no, de no seguir el juego partidista que impones. Dónde está el amor que profesas, ése que de pronto se transforma en odio. Dónde está la amistad de la que hablas, que ahora ha reventado salpicando a quién no debía. Parece que la comprensión no tiene por qué ser recíproca. Nunca quise entender el concepto de empatía, pero tampoco me importó. Mientras los míos sigan conmigo.
Y entonces atacas. Y atacas a todo. Sin importar argumentos. ¿Para qué? Yo, mí, me, conmigo, porque tú, ti, te, contigo tendrías que entender, que pensar un poco en, que tratar de ayudar, que haberte sa-cri-fi-ca-do.
La venda de la justicia se me sube a la cabeza. Qué vergüenza. ¿Dónde estás cuando te necesito? Sólo quedan los que queremos ver. Y lo que queremos ver.
Yo soy como soy.
Y, por cierto, vergüenza me daría.
La justicia del justiciero, la pintan con los ojos vendados, pero ya no lleva balanza. Los valientes sobreviven, los que creen serlo y se apoyan en verdades confeccionadas por el odio acabarán cayendo en su propia mierda. Revolcaos, llorad y maldecid al cielo vacío. Contaos una a una las mismas historias, tantas veces como queráis, llenadlas de la realidad que les falta y llorad. Que algún comprenderéis lo que están tratando de deciros. Pero no mientras tengáis los oídos tapados.
Hablemos de lealtad, de amistad o de amor, de pureza y confianza. Y ahora, todos juntos, vomitemos en los rostros de aquellos que no tienen culpa. No tienen culpa no, de no seguir el juego partidista que impones. Dónde está el amor que profesas, ése que de pronto se transforma en odio. Dónde está la amistad de la que hablas, que ahora ha reventado salpicando a quién no debía. Parece que la comprensión no tiene por qué ser recíproca. Nunca quise entender el concepto de empatía, pero tampoco me importó. Mientras los míos sigan conmigo.
Y entonces atacas. Y atacas a todo. Sin importar argumentos. ¿Para qué? Yo, mí, me, conmigo, porque tú, ti, te, contigo tendrías que entender, que pensar un poco en, que tratar de ayudar, que haberte sa-cri-fi-ca-do.
La venda de la justicia se me sube a la cabeza. Qué vergüenza. ¿Dónde estás cuando te necesito? Sólo quedan los que queremos ver. Y lo que queremos ver.
Yo soy como soy.
Y, por cierto, vergüenza me daría.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)