martes, 6 de octubre de 2009

Cirkuit Planet

Aquella historia rezumaba una conocida sensación de familiaridad. Como si todo cuanto acontecía ya hubiera sucedido. Como si cada mañana recibiera desordenados motivos para encadenar las palabras a significados que no comprendía. No comprendía. No quería entender lo que el mundo trataba de decirle, en su degenerada forma de caminar. En su degenerada forma de vivir. Hace algún tiempo, decidió no volver hacia atrás. No le esperaba más que desilusión, o desesperanza. Hierba reseca, testigo de la destrucción de una civilización. Se habla de ataques armados a la injusticia, dibujada en forma de demonios. Se habla de muerte. De muer-te. De violencia y muerte. De cuanto nos parece abrumador, pero a la vez lejano. De lo que sabéis que existe, pero realmente nunca habéis visto. ¿Y qué? Volvemos a ser insensibles, a mirar por encima de los obstáculos, vigilando las nubes por si vuelve a llover. ¿Y qué? Si así estamos bien. Si aquí estamos bien.

O quizás, sólo quizás, las palabras sean germen de imágenes conectadas, que son y a la vez no son. Que metaforizan, que sugieren, que revelan. Que todo lo que no hemos vivido se vuelve contra nosotros y nos golpea en la imaginación. La mentira y la verdad no son más que términos inventados.

Mirad, mirad hacia atrás de nuevo. Volved a sentir las arcadas. El olor a sangre. El olor del miedo.

Ahora, callad y escuchad. Las palabras encadenándose a significados. Escuchad, que tal vez, hoy lo entendáis.

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