Carrôtpruff
lunes 14 de noviembre de 2011
Read my mind
Quiero olvidarme del mundo, y que el mundo se olvide de mí. Que las horas dejen de arañarme la espalda. Y que suene el despertador. Como hace cuatro años.
Quiero sonreír una vez más, y decir que no pasa nada. Quiero descubrir una canción nueva cada dos días. Quiero pasar más noches en vela. Quiero dejar de tener miedo y arrugar el pasado sin quemarme los dedos. Y no tener que fingir. Ni dar explicaciones. Ni sentirme juzgada. Una y otra vez. Quiero que me dejéis en paz. Quiero hacer fotos. Quiero ver series nuevas. Quiero ver películas que ya he visto. Quiero descubrir tipografías en la ciudad. Quiero ir al cine. Quiero hacer más estenopeicas. Quiero pasar muchas más noches en vela. Y que el amanecer se cuele por la ventana. Quiero viajar. Quiero ir a conciertos. Y cerrar la puerta. Y apagar la luz.
Quiero olvidarme del mundo. Quiero que el mundo se olvide de mí. Y pasar desapercibida. Sólo un día más.
miércoles 14 de septiembre de 2011
Probablemente, no, prácticamente seguro, si hubiera sido al revés, las cosas estarían exactamente igual. O peor. Porque he llegado a frivolizar la situación con la perspectiva de alguien a quien no le importa realmente, quien no sufre las consecuencias directas. Y claro, qué fácil es proponer sin ponerse en el lugar del otro. Yo, que me considero una persona empática, qué fallo garrafal en el planteamiento del problema. Me doy cuenta, quizás tarde, como siempre, de que entiendo más de lo que pensaba tu punto de vista. Sobre todo, me veo como probablemente me veas, y te entiendo un poco más. Y te aseguro que me pareces una persona muy fuerte, por cómo has reaccionado, que he pretendido que aceptes y apruebes una situación que, mira por donde, lo más seguro es que yo no hubiera ni aceptado ni aprobado. Me he dejado llevar por la utopía de reducir las cosas a su mínima expresión y pensar que todo podía ir bien, como si no hubiera pasado nada de lo que ha pasado. Porque a veces me identifico contigo y me olvido de las circunstancias que nos rodean. Es muy fácil cuando no te afectan, pero imagino que tiene que ser muy duro cuando sí. Yo qué sé. Hay veces que las emociones me superan. No sé si estaré haciendo bien en darme por aludida, pero bueno, a veces surgen cosas que decir en los momentos que menos te lo esperas.
Y supongo que esto es una forma de retractarme, o de disculparme, o de purgar pensamientos.
Pero en cierto modo, lo necesitaba.
Y supongo que esto es una forma de retractarme, o de disculparme, o de purgar pensamientos.
Pero en cierto modo, lo necesitaba.
lunes 12 de septiembre de 2011
El año definitivo
Estos días no hago más que tener recuerdos perceptivos. Recuerdo las emociones de empezar curso. Del olor imaginario a nuevo, la sensación de estrenar rutina. Desde primero, con el edificio viejo y la falta de madurez de los que empiezan. Recuerdo el día que le tiré tortilla a un rostro anónimo, recuerdo la cafetería, con los “quién va” y los “dime” de la chica que atendía. Lo recuerdo como si hubiera sido ayer cuando la quitaron. Recuerdo el olor a aguarrás de la clase de color, la calidez de la de dibujo y lo sucia que estaba la de escultura. Y sobre todo, recuerdo las ganas de los primeros días. Recuerdo a todos, a Sienra, claro, a Lorena, a Amalia. Y también recuerdo Valencia por descubrir. Margui esperando en Pont de fusta, sentada en la fuente, el puente pintado, el IVAM y la exposición de Alfaro, el ABC park y El orfanato, los viajes de autobús, las seis y media de la mañana y los bocadillos de mi tía.
Pese a todo, el curso que mayores emociones me despierta, es segundo. El peor, pero a la vez el que más nostalgia me da. El Ausias, la cama de 80 y el zulo, Bleach, el décimo piso, la conversación sobre lo paranormal, la primera de muchas con Lula. Lula, con su nórdico azul, su sobremesa y su póster de La vida de Bryan”. Isa con su habitación de claustrofóbica y su frigorífico de diabética. Bajar a comer, ¿cuántos sois?, y las bandejas con huecos. Las noches en las que cenábamos después que todos, con el comedor casi a oscuras, las que cenábamos bocadillo, o ensalada. El chundachunda de fondo. Elena, siempre ahí. Y Marta, con su habitación grande y su bandera. Solana y su casa enfrente del tranvía, y el día que fuimos a cenar pizza. De ese curso me acuerdo de tantas cosas, tanto buenas como malísimas, pero todas han dejado marca. Del día que inauguraron la exposición de pintura, y de lo que pasó después. De escuchar La vela puerca de camino a la facultad. De Narración figurativa I y sus buenas, y malas consecuencias.De bajar a pintar cuando hacía frío. De los errores que cometí, de cómo se atragantó Escultura, de cómo se atragantó Color, de cómo se atragantó Dibujo, y del examen más triste de Historia del Arte. De cuando me dormí a las seis y media de la mañana, después de acabar el corto y preparar la grisalla para el examen, sin haber estudiado historia, con la cama atravesada en la habitación porque había estado pintando la entrega de Color. Y de lo saladas que me sabían las lágrimas.
Tercero fue el curso plano y cuarto, el definitivo. De tercero recuerdo el piso, por supuesto. La habitación rosa. Halloween. Y el año de errores continúa. Videoarte y Audiovisuales encabezan la lista. Sin olvidarnos del escarceo en Restauración. Y el adiós definitivo al edificio viejo. Las clases de Historia del Cine y por supuesto, Narración Figurativa II, el reencuentro. Y los Malditos y el rodaje. De tercero no tengo recuerdos llamativos.
Y de cuarto tampoco. Pero fue el curso definitivo que me hizo encontrar el rumbo, y perder el miedo a la especialidad. Y descubrí el diseño gráfico, la vocación encontrada. Recuerdo frustrarme, pero encontrar soluciones prácticas a mis frustraciones, y empezar este cuaderno, a día 9 de noviembre de 2010, para escribir aquello famoso de “No es el año definitivo. No existen años definitivos. Simplemente un curso más. No importa que seas mejor o peor, porque eso sólo hará que te compares con éste y con aquel. No necesitas resultados, necesitas aprendizaje.” Pues así comenzó mi año más que definitivo, crucial. El año en el que conocí a Pepelu y a Toni, cuando me atreví a hablar con ellos. El año en el que empecé a leer Canción de hielo y fuego. En el que fuimos a muchas exposiciónes y descubrimos la fotografía estenopeica. En año en el que conocí a Viso. El año de the Pinholes, o de the Estenopers, o de Estenopeicas de María, Pepelu y Viso. El año de comer en la universidad y de asistir de oyente a Pintura y Fotografía. De fotos, disparos y peces. De Valenbisi. Del piso de Pepelu, su cumpleaños y Cristina, Víctor, Odei y Gonçal, con su guitarra. Del bruxes i fades y el Carcassone. De Elena, que sigue ahí. De la biblioteca y la compañía que hace. De casa. De L. De la noche que escuchábamos canciones mientras trabajamos. De La princesa Cisne y el ciclo de Jack Lemmon. De Orgullo y Prejuicio y las frases en la pared. Y de Isa y su año definitivo. De encontrarse a una misma y luchar por lo que queremos.
Y quinto. Hola quinto. Que llevaba meses esperándote, y que ya te siento un poco más cerca. Los primeros recuerdos de quinto son una mezcla de todos los años. De caras conocidísimas ya, en la orla. De gente con la que he ido en primero y con la que acabo en quinto. De muchas, muchísimas ilusiones y ganas, tantas como créditos. De proyectos, viajes y cenas que aún no se han programado. De las chicas. Tanit, María, Melani, Paula, Carmen y las tantas asignaturas en las que coincidimos. De casa, otra vez. De Pepelu y Viso y del batería, el guitarrista y la bajista de the Pinholers. Y Valencia y la luna de Valencia. Y el año definitivo, pero porque es el último.
Y el mejor.
viernes 15 de abril de 2011
No más mentiras.
Y pese a todo, aún me pregunto si merece la pena. Si lo que queda atrás es equiparable a lo que hay delante. El camino se hace largo, con el futuro en mente y el pasado en carne viva.
Mientras, la vida se me escapa. Sólo quiero que compile un array o que la lata no se mueva, o que en el código fuente esté la solución.
Mientras, el día se oscurece. Su historia, la mía, serán letras en un libro. Mi historia, la suya, un aprendizaje constante. Necesito más tiempo de exposición y esperar a que se haga de día.
Quizás pase otro año. O quizás sólo sean unas horas más. El mundo enmudece. Un día fui cobarde y al otro, estaba sola, y al otro la muerte vino a vernos. Qué más da, que pasen un año o veinte.
Si siempre será de noche.
viernes 17 de septiembre de 2010
Ab aeterno
Me duele pensarte, tan cerca del final. Me duele, aquí dentro, en el cerebro, y el alma se me arruga como una sábana mal puesta.
En qué momento decidí salir a nadar, salpicada por las olas, olor a mar. La sal marca las esquinas de la noche.
Y los días se muerden unos a otros, rabiosos y desconfiados, mientras el cielo se mancha de verde y de impaciencia. Silencio y ovación, y un grupo de estrellas muy juntas, olor a amor y a piel pegajosa, el sudor se acurruca en los huecos de tu cuerpo. Y las ganas de sentirte.
Minuto a minuto, como deseos caídos, vuelvo a ti, a tus esquinas y huecos, a la mar, a las estrellas arrugadas y tu piel pegajosa.
Y qué ganas de sentirte.
En qué momento decidí salir a nadar, salpicada por las olas, olor a mar. La sal marca las esquinas de la noche.
Y los días se muerden unos a otros, rabiosos y desconfiados, mientras el cielo se mancha de verde y de impaciencia. Silencio y ovación, y un grupo de estrellas muy juntas, olor a amor y a piel pegajosa, el sudor se acurruca en los huecos de tu cuerpo. Y las ganas de sentirte.
Minuto a minuto, como deseos caídos, vuelvo a ti, a tus esquinas y huecos, a la mar, a las estrellas arrugadas y tu piel pegajosa.
Y qué ganas de sentirte.
domingo 5 de septiembre de 2010
Luz de luciérnaga
El tiempo desacelera pulsaciones. Los días se suceden, todos igual, todos distintos. Uno. Otro. Ha comenzado la cuenta atrás.
Es el momento de desempolvar los planes otra vez. De recoger la ilusión que sembramos en primero y que olvidamos el curso pasado. De crecer. De encarar los problemas con madurez. De recuperar propósitos. De jerarquizar. De volver a encender la luciérnaga. De compartir. De aprender y re-aprender. De luchar contra el tedio, contra la rutina, contra la enfermedad de unos y de otros, contra el miedo, contra el odio, contra la mentira, contra mí, contra ti, contra el mundo. Es hora de cambiar. De volver a escribir, que los ecos vacíos del pasado se precipitan inexorables. Es hora de seguir.
Reminiscencias de un pasado en constante latido, una eterna laguna, un charco. Y un puente para olvidar. O para cruzarlo una y otra vez. Y una sonrisa, luz de estanque sucio, luz de noches en vela. Un mundo hecho a medida. Un antes. Un centenario con una manchega. Un viaje, otro de vuelta y una filmoteca. Una amiga de libro. Otra de poemas. Un circo. Una nariz derretida. Una matrícula. Y un curso entero.
Y luz. Luz de luciérnaga.
Es el momento de desempolvar los planes otra vez. De recoger la ilusión que sembramos en primero y que olvidamos el curso pasado. De crecer. De encarar los problemas con madurez. De recuperar propósitos. De jerarquizar. De volver a encender la luciérnaga. De compartir. De aprender y re-aprender. De luchar contra el tedio, contra la rutina, contra la enfermedad de unos y de otros, contra el miedo, contra el odio, contra la mentira, contra mí, contra ti, contra el mundo. Es hora de cambiar. De volver a escribir, que los ecos vacíos del pasado se precipitan inexorables. Es hora de seguir.
Reminiscencias de un pasado en constante latido, una eterna laguna, un charco. Y un puente para olvidar. O para cruzarlo una y otra vez. Y una sonrisa, luz de estanque sucio, luz de noches en vela. Un mundo hecho a medida. Un antes. Un centenario con una manchega. Un viaje, otro de vuelta y una filmoteca. Una amiga de libro. Otra de poemas. Un circo. Una nariz derretida. Una matrícula. Y un curso entero.
Y luz. Luz de luciérnaga.
miércoles 1 de septiembre de 2010
Cerdos de guerra
Qué vergüenza. Qué vergüenza comprender la actitud con la que conduces tu vida, destructiva, inequívoca, universal y verdadera. Irreprochable.
La justicia del justiciero, la pintan con los ojos vendados, pero ya no lleva balanza. Los valientes sobreviven, los que creen serlo y se apoyan en verdades confeccionadas por el odio acabarán cayendo en su propia mierda. Revolcaos, llorad y maldecid al cielo vacío. Contaos una a una las mismas historias, tantas veces como queráis, llenadlas de la realidad que les falta y llorad. Que algún comprenderéis lo que están tratando de deciros. Pero no mientras tengáis los oídos tapados.
Hablemos de lealtad, de amistad o de amor, de pureza y confianza. Y ahora, todos juntos, vomitemos en los rostros de aquellos que no tienen culpa. No tienen culpa no, de no seguir el juego partidista que impones. Dónde está el amor que profesas, ése que de pronto se transforma en odio. Dónde está la amistad de la que hablas, que ahora ha reventado salpicando a quién no debía. Parece que la comprensión no tiene por qué ser recíproca. Nunca quise entender el concepto de empatía, pero tampoco me importó. Mientras los míos sigan conmigo.
Y entonces atacas. Y atacas a todo. Sin importar argumentos. ¿Para qué? Yo, mí, me, conmigo, porque tú, ti, te, contigo tendrías que entender, que pensar un poco en, que tratar de ayudar, que haberte sa-cri-fi-ca-do.
La venda de la justicia se me sube a la cabeza. Qué vergüenza. ¿Dónde estás cuando te necesito? Sólo quedan los que queremos ver. Y lo que queremos ver.
Yo soy como soy.
Y, por cierto, vergüenza me daría.
La justicia del justiciero, la pintan con los ojos vendados, pero ya no lleva balanza. Los valientes sobreviven, los que creen serlo y se apoyan en verdades confeccionadas por el odio acabarán cayendo en su propia mierda. Revolcaos, llorad y maldecid al cielo vacío. Contaos una a una las mismas historias, tantas veces como queráis, llenadlas de la realidad que les falta y llorad. Que algún comprenderéis lo que están tratando de deciros. Pero no mientras tengáis los oídos tapados.
Hablemos de lealtad, de amistad o de amor, de pureza y confianza. Y ahora, todos juntos, vomitemos en los rostros de aquellos que no tienen culpa. No tienen culpa no, de no seguir el juego partidista que impones. Dónde está el amor que profesas, ése que de pronto se transforma en odio. Dónde está la amistad de la que hablas, que ahora ha reventado salpicando a quién no debía. Parece que la comprensión no tiene por qué ser recíproca. Nunca quise entender el concepto de empatía, pero tampoco me importó. Mientras los míos sigan conmigo.
Y entonces atacas. Y atacas a todo. Sin importar argumentos. ¿Para qué? Yo, mí, me, conmigo, porque tú, ti, te, contigo tendrías que entender, que pensar un poco en, que tratar de ayudar, que haberte sa-cri-fi-ca-do.
La venda de la justicia se me sube a la cabeza. Qué vergüenza. ¿Dónde estás cuando te necesito? Sólo quedan los que queremos ver. Y lo que queremos ver.
Yo soy como soy.
Y, por cierto, vergüenza me daría.
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